Cuentos de la Alhambra (I)

El bar está repleto, lleno de ruido de los golpes de las sillas, de las tazas y sus platillos, de voces que hablan del partido de ayer y que cantan a voces los platos al cocinero pakistaní que se esconde hundido entre montañas de cacerolas. Hacia la mitad del local está Pedro, sentado en una mesa doble, solitario, ajeno a todo lo que ocurre a su alrededor, apurando su café mientas lee un libro enorme. De repente una voz femenina interrumpe su aparente calma.

- Perdona ¿me puedo sentar?

- Bueno, estoy esperando a alguien.

- Pero no ha llegado aún ¿no?

Pedro duda

- Nnoo

- Pues entonces no creo que te importe

- Pero a mi sí, ¡oye!

Zora se sienta desoyendo la prohibición de Pedro.

- Oye te he dicho que estoy esperando a alguien.

- ¿ A quién esperas? ¿ A tu madre, a tu novia o a tu novio?

- No te importa – forzando la voz que a penas desentona del murmullo general.

- Vamos hombre- Zora habla con una voz suave con acento extraño que Pedro no acierta en ubicar- cálmate.

- No, ya te he dicho que espero a alguien.

- Bueno vale, ya me voy.

Zora se levanta de la silla lentamente, simulando lástima. Se gira sobre sí misma mientras busca con la mirada la comprensión de Pedro. No lo consigue. Recoge del respaldo de la silla una especie de Pasmina de azul intenso, ribetada con vistosos hilos dorados.

- Cómo ha cambiado el mundo. Hace el gesto de marcharse pero su número de alma desconsolada hace mella en la voluntad de Pedro que se levanta de su asiento alargando su mano para detener la huída de Zora.

- Espera, espera no te vayas. Perdona. Sientate por favor.

- ¿ Estás seguro?¿ No estabas esperando a alguien?

- ¿ Estás jugando conmigo? Pedro ha perdido la poca paciencia que tiene en un día como el de hoy.

- No, no quiero molestar.

- Va venga, siéntate, por favor.

- Bueno si insistes.

- Insisto.

Zora se sienta interpretando una hermosa danza mientras coloca de nuevo parte de su atuendo sobre el respaldo frío de la silla.

- Ahora que nos hemos calmado. ¿Me puede explicar a quién esperas?

- A nadie, a estas horas ya no creo que venga.

- A estas horas… ¿ no se ha presentado?. No sería una cita a ciegas.

- Algo parecido. La prima de un amigo.

- ¡Ah, los amigos!

- Sí, pero esta es la última vez.

- Haces bien. Yo creo que no necesitas que nadie te presente a mujeres.

- ¿Ah no? Pues como no bajen llovidas del cielo…voy listo.

- Vamos… – hace un gesto con la mano pidiéndole que diga su nombre.

- Pedro

- … Pedro, pareces un tipo listo, eres alto y no estás mal. ¿A caso eres un asesino en serie?

- No.

- ¿Un adicto al porno?

- Sólo lo justo

- Y por lo visto eres ingenioso y sincero. El plan perfecto para pasar una noche de verano charlando al aroma de los jazmines.

- Ja, claro Jazmines en Barcelona, claro… Oye y tú quién eres. Con ese disfraz parece que te hayas escapado de un circo.

- Eh un respeto que estos  vestidos ya no se encuentran.

- ¿Ah no? Esas gasas y esos bordados están en todos los bazares de ropa del Gòtic.

- Estos no, este vestido es un regalo del Majarahá de Siria que entregó a mi padre, el gran Mohamed , como obsequio para poder observar mis ojos a través de las celosías de la cámara regia.

- Ja ja ja, esta sí que es buena. Tengo ante mi a la princesa de la Alhambra en persona. Quién eres, ¿Zaida?.

- No, Zorahaida, la menor de las tres, pero puedes llamarme Zora. ¿ Cómo lo has sabido?

- Mira – mientras busca a un camarero con la vista para que le cobre- sólo me falta hoy una loca que se cree la reencarnación de la princesa muerta de pena de la Alhambra. – Alza la voz para llamar la atención del camarero – ¡ Eh Chico, la cuenta!

El camarero le dice que asiente mientras zigzaguea entre las mesas y las personas que beben de pie. Es casi una sombra blanca.

- Oye no te burles, yo no soy ninguna reencarnación, yo soy Zorahaida, la hija de Mohamed el grande. The one and lonely.

- Claro, pues dime como lo haces porque no estás nada mal para tener casi siete siglos de edad. Por no mencionar que la leyenda cuenta que moriste de pena encerrada en la torre de la Alhambra…

- Aljarmrra

-¿ Perdona?

- Aljamrra, se dice Aljamrra no Alhambra.

- Llámala como quieras.- Alza de nuevo la voz- Viene esa cuenta o me voy sin pagar.

- Pedro, Pedro, cálmate.  Si me dejas te lo explico.

- Mira Zorahaida o como te llames, otro día. Hoy no tengo tiempo para milongas.

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~ por ferranmartinez en junio 21, 2011.

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