Wake up it’s a “New Morning”
Las mañanas de julio en Barcelona, y supongo que en toda la costa central, son calurosas, bochornosas, grises y más aún si te levantas al son del despertador de ayer, del viernes laboral, la verbena del fin de semana, dos horas antes de lo que tenías previsto. Esta mañana las nubes tapaban el sol que nos tenía que broncear la piel y no corría ni una brizna de aire que calmara nuestra decepción.
A pesar de las inclemencias del tiempo y de que el día estaba a punto de pinchar ya desde el alba, me he dado la vuelta en el remolino de sábanas y he buscado su cuerpo para abrazarla, y enganchar mi cuerpo al suyo y volver a dormir al mismo son. El sueño ha alargado la noche una hora más. Es bueno saber aprovechar estos momentos ahora que todavía no tenemos niños que aderecen las dulces mañanas de los sábados con sus saladas lágrimas reclamando nuestra atención. Ella ha agradecido la prórroga de sueño con sus besos y su preciosa cara somnolienta. Dos mechones de su pelo suave largo sobre su cara la hacían aún más misteriosa mientras hacíamos el amor. El día volvía a empezar brindándonos una segunda oportunidad de oro.
Una ducha para quitar el peso de la noche y del calor de julio, un paseo para comprar algo de desayuno. No hay sol, sigue escondido tras la cortina de vapor gris que afea la mañana. La calle, acostumbrada al vaivén de los humanos hormiga, parece extrañada del poco movimiento de esta mañana. Me encuentro a Rafael, el de la tienda de maletas, que corre presto para abrir su tienda ajeno a que esta mañana no hay nadie en la calle, quizás le podría comprar una maleta enorme donde guardar todas esas nubes que están aguando la fiesta. El segundo ser que encuentro es al repartidor de pescado, llenando su DKV de hielo frappé, como si fuera arena, con un ritmo cansino de reloj, pesado, sudoroso, palazo a palazo. Vuelvo a casa con la preciada carga cafeínica y Ella ha preparado el desayuno, ha abierto, las ventanas de toda la casa para refrescar el aire cargado de la habitación. El cielo seguía encapotado, tozudo, dispuesto a estropear el día. Hoy no podrá con nosotros.

Las cabezas de los vecinos de delante nuestro asoman mirando al cielo, comprobando el estado de las nubes. Por suerte contamos con la ayuda de Zimmerman. En cuanto las primeras notas de la armónica de su “as I went out one morning” suenan, lentas, acompasadas el sol rompe su velo de vapor y deja que se cuelen los primeros rayos entre las ventanas junto a una pequeña brizna de aire. Yo ya estoy finiquitando mi café al son de esta mañana preludio de un día en la ciudad entre bicicletas, libros y vinilos.
Me encanta llenar este soltario pasaje barcelonés, caja de resonancia arquitectónico, con las notas de Dylan, despertando a los vecinos que aún no han abierto sus ojos. Wake up it’s a “New Morning”.
