Cómo ha cambiado el cuento

Seguro que recordarán, queridos viajeros de la red, un cuento que nos contaban cuando éramos niños, la historia de Rapunzel.
Para los que no la recuerdan, les hago un breve resumen:
El cuento narra la historia de una pareja que no puede tener hijos y que después de mucho tiempo de intentarlo finalmente lo consiguen. Ella se queda embarazada y tiene como antojo las manzanas del árbol de la malvada bruja que vive justo al lado( hay varias versiones pero a mi me gusta más la versión de las manzanas, por lo simbólico). Al no poder tener acceso a las manzanas, la futura madre se encapricha del malvado fruto hasta tal punto que cae enferma, poniendo así en riesgo la vida de su bebé. El abnegado padre, temiéndose lo peor, trepa la valla que separa las dos casas y roba una manzana. Su esposa, la devora cual manjar de un solo bocado y no contenta con ello, le pide a su esposo, otra más y otra, y otra y así durante días.
La bruja, a la que no le pasa desapercibida la sustracción furtiva de la que es víctima, decide tomarse la ley por su mano embrujando a la pareja. El padre, para deshacer el entuerto, ni corto ni perezoso, decide negociar con la Malvada ofreciéndole la vida de su futuro retoño para así satisfacer la deuda y el instinto maternal de la bruja.
El cuento en este punto pierde todo interés para lo que este que escribe pretende explicar. Para los más curiosos solo decir que hay una torre, un bebé que se convierte en una joven hermosa de pelo larguísimo que se pasa el día cantando y cepillando su larga melena y un príncipe que atraído por tan melódico sonido, salva a la princesa atravesando con su acero a la bruja, debería decir la pobre bruja, y rescatando a la niña, que como dice el chiste, no es tan niña.

Lo que sucedió en realidad fue que, el príncipe que cuenta ya con unos 40 años; ya se sabe , entre el excelente servicio médico , la falta de conflictos y batallas y la buena vida que se da el rey, el real heredero ve pasar los años, ocioso, paseando por su reino, deseando que ocurra algo; en un primer impulso libera a la adolescente quien se hecha a sus brazos y lo convierte en pederasta involuntario imbuído por la fuerza sexual de años de espera y la virginidad contenida. Pero después del frenesí y desenfreno inicial se da cuenta que la malvada bruja ha sido la víctima de tan hábil Lolita y de sus padres. Rapunzel en realidad es un ser casi demoníaco, dispuesta solo a calmar sus instintos de depravación y maldad, armada de su juvenil tersura. Sus padres, furtivos malhechores, buitres de los vacíos legales del sistema, asaltadores del bien de prójimo, ladrones de la propiedad ajena.
Después de deshacerse de sus andrajos y una vez eliminada la caspa que le ha producido tanto estrés por la injusticia y por haber tenido que solucionar el hurto del que fue y de parecer siempre la mala por no ser la persona más comunicativa del barrio, la bruja florece como una diosa gótica, ataviada con un precioso vestido de terciopelo negro. Sus todavía jóvenes ojos desprenden una luz embriagadora y su cleopátrico perfil sigue inerte ajeno a los efectos de la edad y de la gravedad. Está claro, el príncipe, que tiene 40 años y no es tonto se deshace de Rapunzel, la echa de la torre, la limpia, la redecora y vive junto a su princesa gótica por siempre jamás.

Si analizamos detenidamente y con atención la historia, vemos que hay una clara víctima. Es un clásico. La Bruja malvada. Ella no le ha hecho nada a nadie, al contrario, dedica su día a sus pócimas y a cuidar su jardín de frutas. Ella vive su vida a su bola, absorta en sus compotas y viviendo al margen de los demás quienes al no obtener un saludo ni una comunicación educada de tan extraña mujer deciden apartarla e inventar a su alrededor extrañas historias de brujería y de pactos diabólicos. Nadie se ha parado a pensar qué acto de su pasado provocó que está solitaria mujer se apartara de la sociedad y sus obligaciones. Volvamos al tema. Ella vive feliz con su bola de cristal y de repente un día se da cuenta de que dos intrusos le están robando sus frutos. Lo más normal es lo que le ocurre, monta en cólera y sabiendo que la ley no la ampara y lo que sobre ella se comenta en la comarca, se toma la ley por su mano. Estaremos de acuerdo que se sobreexcede en su castigo pero lo acaba pagando, siendo ella víctima del castigo que impone a la caprichosa y pueril Rapunzel. Ha pasado lustros de soledad y tristeza, lejos de poder conseguir el amor de la niña y atormentada por el cargo de conciencia de haber sido taxativa e implacable en la ejecución de la condena a la que somete a los padres de la reclusa lolita.

En mi versión del cuento, la bruja ha pasado años avinagrando su carácter pero, por suerte, el príncipe ha irrumpido en su vida para envainarla. Ha pasado largos años alimentando su odio y echando a perder temporadas enteras de sus mermeladas y compotas. Eso ya no lo podrá recuperar. Seguramente fue tiempo perdido, pero es lo que tienen las heridas, hay que dejar que se cierren, cicatricen y desaparezcan.

El cuento, queridos amigos, ha cambiado, sí , pero no es esta una época para que nos vengan con cuentos chinos. La gótica se lleva el gato al agua, lejos de un final feliz…bueno según cómo se mire, y la princesa huye junto a sus progenitores en busca de un barrio donde no los conozcan y puedan empezar de nuevo su vida de pillería.

~ por ferranmartinez en diciembre 28, 2011.

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