Las termitas asesinas de sueños

Llevo meses sin escribir nada más extenso que un informe. Ni una sola palabra ha salido de este teclado que tantas horas me ha acompañado. Sólo alguna tontería en el facebook para demostrarle al mundo que sigo alive and kicking.

Lo echo de menos, pero al llegar a casa hay tantas cosas que hacer que cuando llega la hora de sentarse a escribir, tiro la toalla, veo el frío que hace en la habitación, cierro la puerta, voy a la cocina, abro una lata y veo si hay algo grabado en el iPlus, ahí se acabó el día.

De vez en cuando mi mente entra en conexión con ese otro mundo, ese otro lado lleno de ideas y de sentimientos, lleno de cosas que decir y de historias que contar. Pero el sueño y el hambre pueden conmigo. Creo que lo llaman rutina.

Amigos, la rutina es una asesina, aliada con el paso del tiempo se dedica a comer como la termita la estructura de madera de la que están hechos los sueños. No sé si hay algún remedio, una vuelta atrás, un recuperar el tiempo perdido. Es una asesina cruel, certera y mortífera ante la cual hay poco que hacer.

Yo solía tener algún arma para luchar contra tan fuerte enemiga, Belle & Sebastian, alguna señal, mis solitarios paseos por la montaña, mis visitas a ese pequeño rincón que solo yo conozco y que cada vez es más recóndito en la partera trasera de mi cabeza. Todo parece mostrar que esas diminutas pero efectivas experiencias me habían abandonado a mi propia e insulsa experiencia, pero ¿sabéis qué? me niego a dejarme arrastrar tanto por el lado oscuro. Después del último rodaje, decidí descansar un par de fines de semana y concentrar mi energía en otras cosas.

He vivido unos meses preocupado por los problemas mundanos, con no hacerme daño con las esquinas cortantes que hay en mi camino, colocando airbags y perdido en los mundos de las tentaciones y de los cantos de sirena.

La vida es otra cosa. No hace falta ser filósofo, ni físico cuántico para descubrir que la vida que conocemos y que nos han vendido debe ir siempre acompañada de otra altura, otras experiencias, otros conocimientos.

Solo hay una solución: hay que hacer un esfuerzo, contínuo y constante por no dejarse llevar por los cantos de sirenas que tanto me distraen. Yo sé que la vida es algo mejor, sutilmente mejor, esencialmente mejor. Veo que es un mal común, no solo inherente a mi ser, aunque con casi 39, sé que no todo el mundo está preparado ni dispuesto a pararse a reflexionar. La poesía, la literatura, el cine, la música son los aliados que me eligieron hace años como partenaire, armas imprescindibles para luchar contra la rutina.

Ahora llevo meses como un mero voayeur de la vida, pero sigo cantando en la ducha, creando melodías e historias en mi cabeza. Sigo sin saber de dónde salen, ni cómo dominarlas ni trabajarlas. Se acaban en cuanto el vapor del agua caliente desaparece, pero siguen estando ahí, esperando a que me vuelva a sentar ante este teclado y las convierta en cuentos que contar.

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~ por ferranmartinez en febrero 23, 2013.

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