Bolondrio el gato

Mi gato se llama Bolondrio y odia el otoño por que llueve y no le gusta el agua, pero no es por esa aversión a ese elemento tan húmedo que muestran todos los de su especie, sino por algo que nadie sabe, sólo yo que lo conozco como si fuera la teta de la que tomó su primer alimento. No le gusta que llueva porque no puede salir a cortejar a las gatas. Es otoño Bolondrio, quédate en casa, esta casa que aún no ha tenido tiempo de llenarse de recuerdos, todo acaba de empezar.

Este otoño que empieza poco a poco pero que cala hasta los huesos abriéndose paso a codazos entre gota y gota entre el agobiante verano que va quedando atrás, borrándose de la memoria, cada gota es un segundo y cada segundo una diminuta porción de tiempo que se va y que me aleja del calor que empapaba todas mis ideas. Este otoño se me antoja un tanto triste. Esta estación en que los árboles nos dejan ver sus cuerpos mientas se van desnudando poco a poco, suele ser el principio del frío, del recogimiento en casa bajo coloridas mantas que nos recuerdan sin querer días más brillantes. Este otoño cálido pero frío, frío pero cálido va entrando duditativo entre jerseys de lana y camisetas de algodón, nos abre el armario y va acumulando sus prendas encima de nuestros desguarnecidos cuerpos mientras nos hace pagar sus cambios de humor con los primeros resfriados y gripazos. Ya lo dejaban entrever Counting Crows en su primer disco con su título, agosto y todo lo que le sigue, en agosto empieza a caer el año.

 

Hoy, un día de otoño, cuando todavía no sabía si saldría el sol, la he visto de nuevo, sola, solitaria, envuelta en su jersey rojo de cuello alto. Andaba sin pisar el suelo, con la mirada fija en el cielo sin ver a nadie de los que le rodeaban. La he visto y me he quedado quieto para dedicarle toda mi atención sin chocar con algún cuerpo dispuesto estratégicamente en mi camino. Imán, hija de la lluvia de las calles de Londres y del arena del Sáhara, muestra los trazos desdibujados de sus progenitores de muy distinto origen, sus ojos tristes de un azul que hiela pero de carácter cálido y amable. Su cuerpo generoso y harmónico, su voz susurrante y harmónica que sabe despuntar con algún grito agudo y sincero de alegría cuando saluda con una aparente actitud juvenil que esconde algo que nadie sabe, sólo su cuerpo marcado y ultrajado. Si la miras a los ojos y no quedas hipnotizado, cosa que extrañamente ocurre, puedes adivinar una vida cansada en sus jóvenes ojos.

Se fue de casa, dejó atrás una historia familiar llena de malos recuerdos, de alcohol, mala suerte y de infancia desgarrada, siete vidas en una, para buscar su propio hogar. Lo último que sé es que encontró una casa donde acogen como madre generosa a todo el que necesita un rincón donde refugiarse.

En su acento inglés hay bondad y calidez por eso siempre es una experiencia fuera de lo común llamar su atención y probar suerte para que te regale un rato su sonrisa. Me ha visto, ha clavado sus ojos tristes pero intensos en mi mientras borraba a pasos de bailarina el espacio que nos separaba y que yo era incapaz de acortar por miedo a caerme.

“Hola” es lo que mis labios querían decirle pero no era capaz de articular palabra alguna, en cambio ella me ha dado dos besos en mis dos mejillas y me ha preguntado en dos segundos por toda mi vida desde que se marchó de la oficina donde malgasto mis días.

Ha gastado en vano varios elogios, gastado por que ella ya sabe que conmigo no los necesita pero nunca está mal que alguien como Imán te diga ciertas cosas, sus labios nunca mienten y no buscan quedar bien. Sé que si yo fuera mi gato Bolondrio ya la estaría cortejando, pero yo no sé hablar en estas situaciones así que me he dejado llevar por su invitación a café, se ha cogido de mi brazo por que decía que tenía frío a pesar del grueso jersey rojo. Su cuerpo estaba tembloroso, inseguro, la notaba a punto de desmoronarse contra el suelo, pero no ha sido así, ha seguido mi paso agarrando mi brazo como si fuera la fuente de energía que la ayudaba a seguir de pie. Cuando hemos llegado a la cafetería donde siempre voy a evadirme, ella ha echado mano de su bolso sacando lo que parecía un móvil, y lo ha apagado. Ella seguramente pedirá su té inglés sin azúcar, sin leche, sólo con un chorrito de limón fresco y una pastita de algo para darle un poco de cuerpo a tanta agua insulsa. Yo pediré algo que no me distraiga de ella, algo así como agua fresca sin gas, sin color, sin pan y sin música, aunque en el hilo musical del local suena Wonderfoul tonight, de esa manera ella será lo único que capte  mi atención, aunque tampoco va a ser muy difícil que así sea.

No hablamos, sólo nos miramos, disfrutamos de la presencia del otro sin intercambiar palabra alguna, ninguno de los dos se atreve a romper la paz de ese momento que se convierte de repente en un momento de intensa y confortante calma , mirándonos como si no hubiéramos visto un ser humano nunca jamás, maravillados por reconocer formas parecidas en la otra persona, como hacen los niños al mirar a las personas que le son desconocidas. Después de un momento breve y eterno llega una gruesa camarera con la carga de un día de trabajo en la cara y nuestras bebidas y su pasta árabe. Imán le da las gracias con su voz susurrante y sensual, mientras la camarera se va absorta en sus pensamientos esbozando una leve sonrisa complaciente. Tras este pequeño receso en nuestra particular charla sin palabras ella me pregunta si soy feliz. Felicidad? Qué es eso, la versión de la felicidad cambia en cada persona, le digo y yo no tengo mi propia versión, creo saber lo que quiero y creo que con eso seré no infeliz pero…, me paro para examinar si hay atención y aprobación en sus ojos, cosa que deseo, pero no lo puedo adivinar, ella es una incógnita para mi. Ella sigue mis palabras con atención, apoyada sobre sus antebrazos sobre la mesa, ríe y me dice, Paulo te complicas, como siempre, te pregunto si eres feliz y me das una charla filosófica, te pregunto si hay alguien en tu vida que te haga sentir vivo, si lo que haces en la vida te llena, si tienes alguien en cuya amistad puedas descansar sin fingir en ningún momento. Me habla y pienso que ella sería un buen motivo para sonreír cada mañana, siempre que el destino me premia con su compañía es como

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